ARTE PARA SOBREVIVIR; UN POCO DE HUMOR PARA TIEMPOS DIFÍCILES

 Escala Crítica/Columna diaria

* La risa, una respuesta social para atenuar el miedo y como defensa   
* El exceso que derrota la creatividad: groserías e insultos en las redes
* La ironía: aforismos que describen lo evidente; una forma de reflexión                      
 
Víctor M. Sámano Labastida
 
MÉXICO sufre, México ríe. El país sigue de bajada: se han trazado numerosas encrucijadas sociales en los últimos tres años. Parafraseamos al italiano Leonardo Sciascia: “detesto hacer un pronóstico negativo contra la realidad. No quiero correr el riesgo de ganar”. Así, el humor aparece como respuesta social para atenuar el miedo ante la incertidumbre del país. La risa como defensa o desquite. 

Hay pensadores ilustres que perfilan el humor y la ironía como formas argumentativas legítimas del individuo, ante la gris realidad que no puede cambiarse de un tirón. Se trata en estos casos de sobrevivencia analítica, no de simple evasión. Algunos nombres e ideas: Henry Bergson, la risa como vacuna ante la desgracia; Sigmund Freud, el chiste como procesador de cultura; Johan Huizinga, el juego, el hombre lúdico como catalizador social; Norbert Elías, el juego y el deporte como proceso civilizatorio; André Gluksman, la entropía social como danza relativista: “Dios ha muerto, Marx ha muerto, y yo mismo no me siento muy bien”.  
HUMOR NO ES GROSERÍA 
EL HUMOR tiene credenciales racionales para la lectura de una realidad política determinada. Es componente saludable de las culturas nacionales. Otra cosa son el insulto y las groserías. Lo han mostrado varios articulistas y académicos en relación a lo que ocurre con Enrique Peña Nieto: planteados desde un prisma negativo los insultos a este personaje en redes sociales, redes virtuales y medios de comunicación (que antes se subordinaron al poder). Insultar es fácil, analizar no.                           
La grosería y el insulto denigran a quien los pronuncia. Es un escupitajo que  retorna a su autor. Puede haber palabras con sentido alburero/creativo, pero   la degradación discursiva permanece. Hay voluntad de conflicto. “Groserías: palabras malditas, que sólo pronunciamos en voz alta cuando no somos dueños de nosotros mismos”. (Octavio Paz)  
En una conferencia universitaria, Carlos Monsiváis cuestionó el uso a destajo de las groserías en textos periodísticos. “Son válidas como búsqueda selectiva de veracidad, pero no las recomiendo como sistema expresivo”, sostuvo, y apostó –como en su obra- por el humor y la ironía como caminos expresivos alternos. Esto, en las redes virtuales de hoy, destrabaría el encono. Pero no es posible: la libertad es tentadora, los ánimos se caldean y así las palabras altisonantes dominan. La creatividad pasa a la piedra del sacrificio.          
Cabe otra hipótesis del tono agresivo: ¿serán insultos y groserías parte de la respuesta social para atenuar el miedo ante la crisis?  
AFORISMOS EN TIEMPO DE INSULTOS 
ASÍA LAS COSAS, los siguientes aforismos (frase o sentencia breve) tratan de ser una respuesta humorística y descriptiva ante la sombría realidad. Respuesta precaria, desde luego, ante el asesinato escalofriante de un juez federal ¡en un congreso nacional de magistrados! 
Estos aforismos se contentan con mostrar problemáticas del país, como lo dijo un descreído personaje de La Guerra de Galio, novela de Héctor Aguilar Camín: “No se necesita ser crítico para demoler este país. Basta con describirlo”.                      
-El presupuesto federal, con sus recortes de inversión para 2017, quisiera ser semejante a la frase de Galileo: “Y sin embargo, se mueve”. 
-Seamos comprensivos, pues la inmovilidad presupuestal tiene un paradigma físico: resulta difícil mover a Agustín Carstens, titular del Banco de México. 
-¿Alguna vez se abrirá la Secretaría de la Paciencia? No perdamos la  esperanza, ni la paciencia. 
-Los enconos legislativos son cuestión química: alcaloides no se llevan con  metales pesados, y los gases no se llevan con los metales ligeros. ¿Lo cree, lector? Tampoco este columnista.
-La marina y el ejército luchan contra el crimen organizado corriendo tras ellos, pero las agencias de inteligencia de EEUU explicaron una cuestión temporal: “Esto es un maratón, no los cien metros planos”. 
-Correr es cosa de atletas. Robar es cosa de atletas. Lavar dinero no es cosa de atletas. Aunque lo pueden convertir en deporte.
-¿Qué sucede cuando en una entidad las fuerzas federales se van y se quedan estatales y municipales? El avispero removido busca cobrarse en los cuerpos más cercanos. 
-Dice Aurelio Nuño: los libros de texto gratuitos seguirán. Pero hay libros/guía de Primaria y Secundaria que cuestan 200 pesos o más: casi una cuota de inscripción ‘voluntaria’.  
-Son agua de mayo las remesas de mexicanos que trabajan en EEUU. Lo malo es que mucho de esa agua (40%) se pierde en los canales de envío. Se necesita un programa de seguimiento financiero contra los voraces intermediarios.
-Nadie se sorprende: el tapadismo es ahora un exhibicionismo.
-La conquista de Los Pinos depende de un proyecto, no de un individuo que se anticipa al proyecto. Eso dicen los manuales de politología, que nunca han ganado elecciones en la práctica. 
-Los Pinos son, de un tiempo a la fecha, árboles impredecibles.
-Otra manera de decirlo: Hay quienes por ver Los Pinos no alcanzan distinguir a la gente.
-Los maestros deben ser mejores alumnos. Con ello, los alumnos cambiarían su lugar en el pupitre de la vida. 
-La simulación educativa es el regalo de tecnología y equipo sin proyecto estratégico de por medio. Confunden simulación con estimulación.
-SEP, CNTE , SNTE y demás merecen respeto como magos: desaparecen el tiempo educativo de México. 
EL AGUA Y LA SOLIDARIDAD
RECIENTEMENTE en la Universidad Olmeca (Villahermosa), se realizó un sencillo homenaje en recuerdo al doctor Lácides García Detjen, fallecido en agosto del 2015. Originario de Barranquilla, Colombia donde nació en 1952, este académico y escritor cumpliría años el 26 de octubre.
Traigo a la memoria al “buen Lacho”, como se le decían sus más cercanos, porque en estos días se cumple también un aniversario de aquel profundo acto de solidaridad que Lácides tuvo con este columnista a raíz de las inundaciones del 2007. Acudió al sitio donde me había resguardado con mi familia al quedar sin casa y sin cosas. Acompañado de su hijo Leonardo llegó con una bolsa que contenía un par de zapatos, dos pantalones y dos camisas (somos de la misma talla). Y un libro. Maestro, me dijo, esto no podía faltar. Lo que pueden faltar son amigos como él. (vmsamano@yahoo.com.mx)
 

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