Escala Crítica/ Diario Presente, Ventanasur, Horay20Noticias, Avance
* 225 decretos ejecutivos y duplicación de riqueza, sello de impunidad
* Geopolítica en vilo: propuesta de Consejo de Paz, bajo dirección de EU
* Expediente médico Trump: trastornos psicológicos y enfermedad grave
Víctor M. Sámano Labastida
ENERO 26 DE 2026.-Tiene razón Mark Carney, primer ministro de Canadá: hay ruptura del orden mundial. Eso lo sabe también la presidenta Claudia Sheinbaum que actúa con cautela, aunque los pronunciamientos públicos parezcan excesivos para los conservadores. Hay un juego en la mesa; el tiempo se acorta para las acciones intervencionistas. No es transición lo que se vive y no se ven estrategias del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por fijar objetivos racionales de convivencia. Lo impredecible es la ley: acciones de un hombre embriagado de poder y sin frenos legales, hasta ahora.
Carlos Fuentes, el 17 de marzo de 1998 -conferencia en El Colegio Nacional- profetizó a Trump: “evoco la advertencia del tiburón de las finanzas, George Soros, cuando nos previene que, concluida la Guerra Fría, el capitalismo bien puede desprenderse de su justificación política -la democracia- y asumir, en nombre del pragmatismo más expeditivo, una justificación autoritaria”.
Veamos rasgos del autoritarismo que Trump aplica un día sí y otro también, a un año de su llegada -por segunda vez- a la Casa Blanca.
RETORNO AL SALVAJE OESTE
TRUMP IMPUSO negro récord histórico: 225 decretos ejecutivos en un año, acciones que no pasan por la aprobación del Congreso. Son más que todos los decretos expedidos por presidentes de EU en 50 años. La vena autoritaria se exhibe. Si no hay deliberación en el Congreso, no hay forma de establecer contrapesos al poder presidencial. Estados Unidos había sido un ejemplo de este juego de fuerzas. Al saltarse el Congreso, Trump se asume depositario único de la soberanía estadounidense. Contrasentido claro a la definición de Abraham Lincoln sobre democracia: “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.
En esta historia despótica hay clave económica: Trump es empresario convertido en político. Duplicó su fortuna en 2025. En franca violación de normas que rigen a funcionarios públicos de Estados Unidos, aceptó un jet lujoso que le regaló el gobierno de Qatar. También, utiliza ‘tarjetas doradas de ciudadanía’ con valor de uno a cinco millones de dólares. Comercializa la ciudadanía con patriotismo empresarial. Asume parámetros materiales que desechan valores culturales del pueblo estadounidense. Su hijo Bannon Trump ganó millones de dólares por una apuesta sobre la fecha y hora exacta de la incursión militar a Venezuela. Tenía información privilegiada. Por cierto: esta proclividad a las apuestas pinta de cuerpo entero la parte oscura que representa Trump en EU: la nación que creció en el salvaje oeste y por el exterminio de etnias. Existe una apuesta sobre “la fecha para atacar a cárteles de la droga en territorio mexicano” (Pollymarket). Las posibilidades son de 24%; apuestas como delirio colectivo, mientras la racionalidad política se despide de foros internacionales.
MÁS Y MÁS, ES MENOS
TRUMP, EN SU MEGALOMANÍA, se queja de que Noruega no le otorgó el premio Nobel de la Paz. Festeja, en cambio, el premio por la paz que la FIFA se sacó de la manga y que le costó a ese organismo duras críticas en Europa. Para más señas, ensayó en el foro económico mundial de Davos la sustitución de la ONU por un Consejo de Paz que dirigirá, por supuesto, EU.
¿Qué decir de las negociaciones (es un decir) que quiere Trump por Groenlandia y que tienen a Europa en alerta?, ¿o de los procesos de paz en Palestina y Ucrania?, ¿a qué precio? Trump quiere sumisión al (des)orden que imagina.
En el Tratado de Libre Comercio (T-MEC 2026), renegociación comercial pactada, la presidenta Claudia Sheinbaum tendrá que lidiar no sólo con paneles de trabajo. Alrededor, habrá amenazas/Trump sobre acciones militares de EU en territorio nacional. Tampoco hay que ignorar la posición asumida por Canadá, otro socio T-MEC.
Mientras tanto, hay expedientes médicos públicos sobre Trump y las enfermedades que padece. En la Casa Blanca nadie se pronuncia sobre esa información. ¿He ahí, en la salud precaria, el origen del frenesí político de Trump? Existe, por supuesto, una enfermedad profunda en el quehacer político; en una sociedad que votó por su propio exterminio. (vmsamano@hotmail.com)